miércoles, 23 de septiembre de 2020
martes, 15 de septiembre de 2020
domingo, 6 de septiembre de 2020
.Fibra.
También se denomina fibra dietética y fibra alimentaría. A pesar de que se podría considerar un componente poco útil, ya que se elimina en las heces. Cuando hablamos de FIBRA en nutrición hacemos siempre referencia a la fibra vegetal y NO a la fibra muscular animal.
Se generaliza diciendo que no aportan energía por lo cual no engordan. Se hallan en alimentos de origen vegetal como: frutas, hortalizas, cereales integrales, legumbres y semillas, es importante en todos los casos que conserven la piel y la cáscara
Se puede clasificar como insoluble o soluble.
Fibra insoluble predomina en la parte externa de los alimentos de origen vegetal aumenta el tamaño de las heces, facilitando así la motilidad intestinal y combatiendo el estreñimiento o constipación, entre otras enfermedades intestinales. Predomina en el salvado de trigo (dos cucharaditas por día)
Fibra soluble predomina en la parte interna de los alimentos de origen vegetal tiene la capacidad de formar geles al tomar contacto con el agua. Entre sus funciones fundamentales figura disminuir la absorción y el aprovechamiento del azúcar y grasas en el sistema digestivo, reduciendo el riesgo de padecer enfermedades cerebro y cardiovasculares y diabetes. Predomina en el salvado de avena (dos cucharaditas por día)
Ambos tipos de fibra generan saciedad, por lo tanto ayudan a prevenir la obesidad y disminuyen el riesgo de padecer cáncer.
Si bien la ingesta adecuada de fibras es beneficiosa, el abuso en el consumo de alimentos y productos que la contengan puede producir efectos desfavorables. Por ejemplo, podría impedir el aprovechamiento adecuado de minerales como calcio, hierro y zinc. A veces sucede esto cuando se toman suplementos de fibras sin un control médico, o cuando se agrega salvado a todas las comidas. También en exceso `producen diarrea.
En organismos no habituados al consumo de fibras puede presentarse una intolerancia, evidente a través de hinchazón o dolores abdominales, gases y diarreas. Por eso es aconsejable incorporar los alimentos con fibras en forma gradual y en bajas cantidades.
miércoles, 2 de septiembre de 2020
.Artemisa Annua.
ARTEMISIA ANNUA, también conocida simplemente como Artemisa o Ajenjo dulce 😉
La vas a distinguir de sus parientes por su aroma entre dulce y mentolado, sus finísimas hojas de un verdor incomparable y coronada por florcitas amarillas cuando culmina su ciclo. Opino que se asemeja a un arbolito de navidad, por la forma a la que tiende la planta adulta, además de las bolitas que forman sus flores al fructificar.
Se beben sus hojas y flores preferentemente SECAS en infusión ✔️ pueden comenzar probando con una cucharada colmada para cada taza de agua caliente. Sus usos medicinales son varios: despeja el tracto intestinal, desinflama, quita los parásitos y los gases. También regula el ciclo menstrual cuando viene muy atrasado o abundante;
.Menta.
LOS DISTINTOS TIPOS DE MENTA Y SUS NOMBRES A continuación nuestra clasificación de las menta. En botánica la ”x” se emplea para saber si la planta es híbrida. La letra f (forma) designa que la planta es una mutación, esta se produce por los distintos factores de la geografía que puede variar mucho en el planeta.
2. Mentha Spicata Crispa (Menta rizada) Es el tipo de menta fresca conocido como hierbabuena rizada es el favorito de muchos cocteleros que utilizan esta clase de menta en sus cocktails. Tradicionalmente la infusión de hierbabuena es un digestivo natural habitual en culturas árabes y asiáticas. Mentha Spicata crispa ''rizada'' Tiene tallos gruesos, morados (pueden ser verdes), el aroma balsámico más potente que en otras especies de menta. Las flor de esta hierbabuena Spicata es violáceo como la hierbabuena común. La forma dentada de su hoja facilita reconocer esta clase de mentas, además de por su tacto suave. El color de la hoja es verde claro. No solo puede ayudarte con los dolores de barriga, también puede sanar dolencias del sistema respiratorio por ser una de las mejores plantas medicinales. Claro que siempre como complemento de su tratamiento médico correspondiente.
11. Mentha australis (Menta australiana) Como observarás a lo largo del texto, Oceanía tiene un clima perfecto para el desarrollo de la menta, que ha dado lugar a muchas variedades que solo pueden encontrarse en Australia y Nueva Zelanda. Mentha australis En este caso la menta australiana o menta de río, también puede encontrarse en algunas zonas concretas de Estados Unidos pero no es habitual. Puede recibir otros nombre como menta nativa o piperita australiana. Esta clase de menta tiene la capacidad de adaptarse a todo tipos de pH en el suelo, puedes encontrarla en suelos alcalinos, ácidos y neutros. Tiene una altura mediana entre 40 y 50cm de altura como máximo, puedes reconocer el tipo de menta por sus flores blancas y la hoja alargada que no es nada aterciopelada. Prefiere estar entre la sombra y el sol pero puede aguantar los veranos a pleno sol, siempre que el terreno tenga una humedad alta que mantenga fresca la planta. Como casi todos los tipos de menta, la mentha australiana puede superar sin problemas heladas breves que suelen darse en invierno.
sábado, 29 de agosto de 2020
jueves, 6 de agosto de 2020
viernes, 20 de marzo de 2020
.Comer como conducta automática.
Una conducta controlada por el entorno más que por el individuo.
Conducta ingestiva
Introducción
Quizás el más misterioso y frustrante aspecto de la obesidad epidémica es el contraste entre lo que se sabe de la biología del problema y la incapacidad para detener la epidemia. Durante los últimos 25 años, el porcentaje de norteamericanos obesos (índice de masa corporal [IMC] ≥ 30 kg/m2) ha aumentado de 14,5% a 32,2%. Muchos queda por aprender acerca del metabolismo de los macronutrientes, pero nadie se ha opuesto seriamente al concepto que la obesidad es la consecuencia de que la ingesta calórica supera al gasto calórico. Porqué las personas continúan consumiendo más calorías que las necesarias cuando las consecuencias son tan evidentes, estigmatizantes y por todos conocido insalubres, es una pregunta que todavía no ha obtenido respuesta.
La obesidad epidémica solo puede haber surgido en las recientes décadas debido a una disminución de la actividad física, el aumento del consumo calórico, o ambos. Aunque la contribución de la inactividad física al problema todavía no es clara, tanto el consumo de alimentos como los datos sobre la cantidad de alimentos distribuidos en Estados Unidos indican que el consumo calórico del norteamericano promedio ha aumentado durante los últimos años. Esta evidencia debe llamar nuestra atención sobre un interrogante más importante de esta epidemia: ¿por qué la gente come demasiado?
Los esfuerzos nacionales por tratar y prevenir la obesidad dependen de una educación muy profunda de la población para regular su ingesta de alimentos a través de la publicación de guías generales sobre nutrición, promoción de dietas personalizadas e información en las etiquetas de la composición nutricional de los alimentos. El crecimiento continuado de la epidemia, a pesar del empleo de estas técnicas, debe hacer que la gente se pregunte cuáles son las causas de que esto suceda. La suposición más importante es que, dada la información y la motivación correctas, con el tiempo, las personas pueden mucho más reducir su ingesta de alimentos que su gasto calórico. A su vez, esta suposición implica que el comer es un acto conciente. Una suposición alternativa es que el comer es una conducta controlada por el entorno más que por el individuo. Esta idea está avalada por investigaciones sobre las influencias ambientales sobre el acto de comer y la naturaleza automática de ciertas conductas.
Influencias ambientales sobre el acto de comer
En años recientes, muchos estudios han demostrado la gran influencia que tiene el ambiente sobre la cantidad de alimentos que consumen las personas. En particular, el tamaño de las porciones parece ser muy importante para los patrones de consumo; las personas a las que se sirven porciones más grandes simplemente comen más comida, sin tener en cuenta su peso y el tipo de comida o la hora de las otras comidas. Por ejemplo, en un restaurante, las personas a las que se sirvió un plato de pastas 50% más grande que la porción normal comió 43% más que las personas a las que se sirvió una porción normal, aumentando su consumo calórico en 159 kcal. Los hombres a los que se suministró una bolsa de 175 gr. de papas fritas triplicaron la cantidad de papas fritas que comieron, comparados con los hombres que comieron de una bolsita de 25 g, llegando a consumir 311 kcal. La tentación de comer comida con las manos es tan fuerte que los seres humanos comen más, aun si la comida sabe mal. En un estudio, los asistentes a un cine a quienes se les suministraron cajas de palomitas de maíz de tamaño doble de lo normal y que 14 días antes se habían quejado del gusto, comieron todavía el 34 % más que las personas que comieron palomitas de maíz viejas de cajas de tamaño normal.
Más allá del tamaño de la porción, un principio es que la cantidad de alimento consumido aumenta a medida que el esfuerzo para comerlo disminuye, aun si la diferencia del esfuerzo es insignificante. Por ejemplo, los oficinistas que tenían chocolate Kisses en su escritorio comieron un promedio de 5,6 más caramelos (total: 136 kcal) por día que los compañeros que tenían los caramelos guardados a 2 metros de distancia. La cantidad en kilocalorías demostrada por este experimento es importante, porque un pequeño desequilibrio calórico mantenido en el tiempo puede producir obesidad. En efecto, se calcula que la ganancia de peso media en la obesidad epidémica en las últimas décadas podría estar causada por un exceso diario de solo 100 a 150 kcal.
La mera visión de la comida puede incitar a comer. Por ejemplo, Wansink y col. demostraron que los oficinistas comieron 3,1 más chocolates (total: 75 kcal) cuando los caramelos estaban guardados en envases transparentes. En otro experimento interesante de los mismos autores, los investigadores rellenaron los platos de sopa de los trabajadores mientras éstos comían, pero en forma inadvertida por ellos, y comprobaron que comieron 73% más sopa. El trabajo de Wansink demuestra repetidamente que las señales ambientales influyen sobre la frecuencia y la cantidad de comida y que las personas no suelen reconocer esas señales.
El contexto en el cual están ubicados los lugares de comida también influye mucho sobre los patrones de consumo. Cuanto más prolongada es la comida, más se come. La cantidad de comida que las personas comen está directa y fuertemente relacionada con el número de personas que comparten la comida; el consumo de alimentos aumenta un 28% cuando otra persona está presente y sigue aumentando progresivamente hasta el 71% cuando el número de compañeros de mesa son seis o más, como fue demostrado en otro estudio. Comer en compañía de otras personas también introduce otros efectos sociales poderosos.
Secuencia ambiente-percepción-conducta
En los últimos tiempos, los investigadores han hecho progresos no relacionados con el acto comer o la obesidad, comprendiendo cómo responden los seres humanos al estímulo ambiental. El ambiente es el contexto en el cual los seres humanos actúan y reaccionan. Cada momento, a través de lo que ven u oyen, los individuos perciben lo que sucede a su alrededor. Algunas de esas percepciones ocurren en forma inconciente, y muchas respuestas conductuales también ocurren sin advertencia o conciencia.
Los psicólogos han comprobado que si las conductas aparecen como instintivas o deliberadas, las respuestas conductuales a los estímulos ambientales pueden ser influenciadas por lo que se ha denominado “priming” (preparación), o la manipulación de las decisiones o juicios por la presentación previa de las palabras, conceptos o imágenes que no fueron percibidas como relacionadas con el accionar de las manos. Los efectos del priming pueden ser sorprendentes. Por ejemplo, Bargh y col. prepararon a individuos haciéndolos resolver un rompecabezas de palabras relacionadas con el enojo, como grosero, descortés o,desagradable; luego, esos sujetos mostraron más posibilidad de interrumpir una conversación que los sujetos preparados con palabras neutrales o relacionadas con la amabilidad. North y col. mostraron que cuando tocaban música francesa en un almacén de venta de vinos, las personas compraban más vinos franceses y que cuando se propalaba una música alemana, la venta de vinos alemanes aumentaba, con una conciencia escasa o nula del efecto de la música sobre sus compras. Un ejemplo de cómo el consumo de alimentos puede ser influenciado por el “priming” fue comprobado en un estudio en el cual individuos sedientos que tenían una “cara feliz”, consideraron que la bebida con sabor frutal que bebieron tenía buen gusto a diferencia de los sujetos que mostraban una “cara enojada”, quienes la catalogaron de mal.
Otro determinante importante de cómo los seres humanos responden a cualquier manifestación de su ambiente es simplemente su notabilidad, es decir, cuánto de lo que sucede en el entorno llama su atención. Por ejemplo, los investigadores de técnicas de mercado (marketing) han comprobado que cuando el espacio en la góndola del supermercado se llena con el doble de mercadería, las ventas aumentan un 40%. Este efecto se produce independientemente de si el producto es popular o impopular. Las ventas también aumentan cuando la mercadería se muestra en expositores especiales y cuando se ubican a nivel de los ojos del comprador. Las cadenas de supermercados, concientes de este principio, maximizan sus ventas exponiendo los artículos que dan mayor ganancia de manera muy visible, con grandes demostraciones.
Conductas automáticas
Los seres humanos tienen capacidades cognitivas limitadas; solo tienen capacidad para procesar, en forma conciente, 40 a 60 bits de información por segundo—equivalente a una frase corta. Sin embargo, su capacidad de procesamiento completa, la cual incluye el sistema visual y el inconciente, se calcula en 11 millones de bits por segundo. Por lo tanto, el cerebro necesita mecanismos que no requieren la conciencia cognitiva para percibir el ambiente y reaccionar ante él. En efecto, la capacidad de los seres humanos para ser efectivos y tener un alto rendimiento depende no solo de su capacidad para pensar en abstracto y creativamente sino también en su capacidad para dejar libres los pensamientos del nivel superior asignando las tareas rutinarias al nivel cerebral inferior. Por lo tanto, las conductas no cognitivas no son un signo de debilidad sino de adaptación que permiten a los seres humanos ser una especie particularmente productiva.
En la actualidad, los psicólogos han adquirido mayor conocimiento de las conductas automáticas, las cuales pueden ser definidas como aquellas que operan sin la dirección cognitiva. Para las decisiones concientes se requiere un gran esfuerzo mental y su implementación posterior constituye las conductas. La mayoría de las respuestas de los seres humanos al ambiente pueden ser consideradas conductas automáticas. Las personas sonríen o ríen cuando se divierten, fruncen el ceño cuando están enojados, se asustan cuando son sorprendidos por un ruido y tensan sus músculos cuando están asustados, todo esto sin una decisión conciente o un estado conciente de su comportamiento. Un ejemplo de una conducta automática más compleja es el mimetismo social. En una conversación, las personas imitan las maneras de los otros, como la sonrisa, la rubicundez de la cara y la agitación de los pies, independientemente de si son conocidos o no.
Bargh ha definido cuatro características de las conductas automáticas:
1) ocurren en forma inconciente
2) se inician sin intención
3) continúan sin control una vez iniciadas
4) operan eficientemente o con poco esfuerzo.
Sin embargo, no se requieren todos estos criterios para que una conducta sea considerada automática. Los estudios sobre el consumo de alimentos indican que comer debe ser considerado una conducta automática. Las personas no suelen ser concientes de cuánto comen. En los estudios que demuestran la influencia del tamaño de las porciones, las personas a las que se sirven porciones grandes usualmente no creen que han comido más que las personas a las que se sirvió una porción de tamaño normal, y cuando son encuestados no informan haber sentido más plenitud gástrica comparados con las personas que comieron porciones más pequeñas. La evidencia de que el acto de comer comienza sin un intento conciente puede provenir de la tendencia a comer cualquier alimento simplemente porque es la hora de comer y no por la sensación de hambre.
En general, una vez que la persona comienza a comer, continúa hasta que la comida se termina o hasta que algún hecho externo cambia la situación. En un estudio, las personas tendieron a no parar de comer porque estaban satisfechas sino porque no había más alimento o bebida, no tenían tiempo para seguir comiendo o habían terminado de mirar la televisión. Estos estudios también demuestran que el acto natural de comer, sin esfuerzo, tiende a ser continuo. No se requiere esfuerzo para continuar comiendo en presencia de la comida pero sí se requiere esfuerzo para dejar de comer, en presencia de comida. Es intuitivo considerar que las conductas centrales para la supervivencia de un ser humano o un animal son automáticas. Las evaluaciones de la seguridad de nuestro entorno y los juicios sobre el peligro potencial planteado por forasteros son a menudo automáticos y basados en estereotipos. La respuesta “pelee o vuele” sería demasiado lenta para poseer un carácter protector si es requerida para deliberar una toma de decisiones. Debido a que la tarea evolutiva central de los seres humanos ha sido consumir energía para vivir, no es de sorprender que estemos programados para comer, siempre que la comida esté a nuestro alcance.
El hecho de considerar el comer como una conducta automática no significa que los seres humanos no puedan comer bajo el control de su voluntad. Las personas pueden rehusar comer postres o resistir la tentación de comer chocolates guardados en el escritorio. Todas las conductas automáticas pueden ser controladas temporalmente. Los seres humanos pueden concientemente evitar sonreir cuando se divierten, fruncir el ceño cuando están enojados o tensar sus músculos cuanto están asustados. Pero esto significa un esfuerzo. La cantidad de esfuerzo requerida para rechazar la comida a la vista del alimento es importante, y es casi imposible sostenerlo mucho tiempo.
En general, el autocontrol de los seres humanos sobre sus conductas automáticas es limitado. El autocontrol se cansa como lo hace un músculo y disminuye nuestra capacidad para hacer otras tareas. Y así como el alimento rechazado disminuye las reservas mentales de la persona, las tareas requieren un esfuerzo mental que puede reducir la capacidad para resistir la tentación del alimento. En un estudio, las personas que trataron de mantener una dieta mientras deliberadamente se les propuso un problema insoluble aumentaron la ingesta de alimentos comparados con las personas que no trataban de controlar su comida. La demanda mental elevada que implica hacer dieta puede parcialmente explicar el patrón observado comúnmente de los que hacen dieta, quienes al inicio pierden peso para después ganarlo.
Las conductas automáticas tienen otra característica importante. Debido a que las personas no son concientes de las conductas, tampoco son concientes de las conductas que no están bajo su control. Nisbett y Wilson han comprobado que las personas suelen no ser concientes de un estímulo particular que desencadena una respuesta y aún si tuvieran conciencia del estímulo y la respuesta, pueden no estar advertidos de que realmente fue el estímulo el que causó la respuesta. En realidad, las personas tienden a elaborar razones para explicar sus conductas, eligiendo siempre las más plausibles y acordes con las teorías culturalmente aceptables. Bargh y Chartrand comprobaron que, aun después de haber conocido los resultados de los experimentos que demuestran la naturaleza automática de sus acciones, las personas que participaron continuaron rehusándose a creer que aquellas acciones no eran el resultado de una elección conciente. Nuestra dificultad para aceptar cuán fuerte es la influencia del ambiente en nuestra manera de comer puede provenir de nuestra incapacidad para reconocer y aceptar que nuestra manera de comer es una conducta automática. Sentimos culpa por nuestra debilidad para mantener una dieta, cuando es más posible que nuestras respuestas automáticas estén en relación con las señales para comer y la disponibilidad de alimentos baratos, convenientes y densos en calorías.
Si la conducta de comer es automática, se podría predecir que los alimentos más elegidos serían los que están más disponibles y más visibles y esto requiere el menor esfuerzo para comer, como lo son los alimentos precocidos y envasados y las bebidas que pueden ser ingeridos sin utensilios. De hecho, los alimentos que han mostrado mayor aumento en las ventas en el cuarto de siglo pasado son los siguientes: refrescos, bocados salados, papas fritas y pizza.
Comentarios
Es tentador creer que las personas con sobrepeso no son concientes de su peso. Pero la mayoría de los americanos se consideran obesos, y cerca de un tercio está tratando activamente de perder peso, incluyendo las mujeres con ÍMC de 18,5 a 25 kg/m2. La observación de que tantas personas continúan engordando a pesar de su deseo de ser delgados se explica más considerando al acto de comer como una conducta automática.
El concepto de que comer es una conducta automática, en oposición a una conducta que los seres humanos pueden regular, tiene consecuencias importantes sobre la obesidad epidémica. En efecto, los investigadores han descrito como un “ambiente tóxico” de donde nace la obesidad epidémica al nivel elevado de mercadeo, accesibilidad y cantidad de alimentos. “Este concepto indica que los abordajes educativos y motivadores para reducir el nivel de consumo de la población, como la guía que representa la pirámide nutricional, la información nutricional en las etiquetas y el consejo dietético, continuarán fracasando”. En lugar de estos enfoques para reducir el consumo, los autores enfatizan disminuir la accesibilidad, la visibilidad y las cantidades de alimentos a las cuales están expuestas las personas, y reducir las señales del ambiente que incitan a comer.
Los mejores abordajes incluyen la reducción del tamaño de las porciones, la limitación del acceso a las alimentos listos para comer, limitando la disponibilidad de comidas “al paso” en las escuelas y lugares de trabajo, y reduciendo la publicidad de alimentos. Debido a que los seres humanos parecen ser muy sensibles a pequeños cambios en el entorno del alimento, esas modificaciones pueden no necesitar ser prolongadas para ser efectivas. Por otra parte, debido a la naturaleza automática de comer y a que en la actualidad la gente está consumiendo más calorías que lo que necesita, esos cambios—una vez implementados—podrían ser muy bien notados. Esta perspectiva representa nuestra mayor esperanza para controlar la obesidad epidémica.
Referencias
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omer como una conducta automática
Una conducta controlada por el entorno más que por el individuo.
Conducta ingestiva
Introducción
Quizás el más misterioso y frustrante aspecto de la obesidad epidémica es el contraste entre lo que se sabe de la biología del problema y la incapacidad para detener la epidemia. Durante los últimos 25 años, el porcentaje de norteamericanos obesos (índice de masa corporal [IMC] ≥ 30 kg/m2) ha aumentado de 14,5% a 32,2%. Muchos queda por aprender acerca del metabolismo de los macronutrientes, pero nadie se ha opuesto seriamente al concepto que la obesidad es la consecuencia de que la ingesta calórica supera al gasto calórico. Porqué las personas continúan consumiendo más calorías que las necesarias cuando las consecuencias son tan evidentes, estigmatizantes y por todos conocido insalubres, es una pregunta que todavía no ha obtenido respuesta.
La obesidad epidémica solo puede haber surgido en las recientes décadas debido a una disminución de la actividad física, el aumento del consumo calórico, o ambos. Aunque la contribución de la inactividad física al problema todavía no es clara, tanto el consumo de alimentos como los datos sobre la cantidad de alimentos distribuidos en Estados Unidos indican que el consumo calórico del norteamericano promedio ha aumentado durante los últimos años. Esta evidencia debe llamar nuestra atención sobre un interrogante más importante de esta epidemia: ¿por qué la gente come demasiado?
Los esfuerzos nacionales por tratar y prevenir la obesidad dependen de una educación muy profunda de la población para regular su ingesta de alimentos a través de la publicación de guías generales sobre nutrición, promoción de dietas personalizadas e información en las etiquetas de la composición nutricional de los alimentos. El crecimiento continuado de la epidemia, a pesar del empleo de estas técnicas, debe hacer que la gente se pregunte cuáles son las causas de que esto suceda. La suposición más importante es que, dada la información y la motivación correctas, con el tiempo, las personas pueden mucho más reducir su ingesta de alimentos que su gasto calórico. A su vez, esta suposición implica que el comer es un acto conciente. Una suposición alternativa es que el comer es una conducta controlada por el entorno más que por el individuo. Esta idea está avalada por investigaciones sobre las influencias ambientales sobre el acto de comer y la naturaleza automática de ciertas conductas.
Influencias ambientales sobre el acto de comer
En años recientes, muchos estudios han demostrado la gran influencia que tiene el ambiente sobre la cantidad de alimentos que consumen las personas. En particular, el tamaño de las porciones parece ser muy importante para los patrones de consumo; las personas a las que se sirven porciones más grandes simplemente comen más comida, sin tener en cuenta su peso y el tipo de comida o la hora de las otras comidas. Por ejemplo, en un restaurante, las personas a las que se sirvió un plato de pastas 50% más grande que la porción normal comió 43% más que las personas a las que se sirvió una porción normal, aumentando su consumo calórico en 159 kcal. Los hombres a los que se suministró una bolsa de 175 gr. de papas fritas triplicaron la cantidad de papas fritas que comieron, comparados con los hombres que comieron de una bolsita de 25 g, llegando a consumir 311 kcal. La tentación de comer comida con las manos es tan fuerte que los seres humanos comen más, aun si la comida sabe mal. En un estudio, los asistentes a un cine a quienes se les suministraron cajas de palomitas de maíz de tamaño doble de lo normal y que 14 días antes se habían quejado del gusto, comieron todavía el 34 % más que las personas que comieron palomitas de maíz viejas de cajas de tamaño normal.
Más allá del tamaño de la porción, un principio es que la cantidad de alimento consumido aumenta a medida que el esfuerzo para comerlo disminuye, aun si la diferencia del esfuerzo es insignificante. Por ejemplo, los oficinistas que tenían chocolate Kisses en su escritorio comieron un promedio de 5,6 más caramelos (total: 136 kcal) por día que los compañeros que tenían los caramelos guardados a 2 metros de distancia. La cantidad en kilocalorías demostrada por este experimento es importante, porque un pequeño desequilibrio calórico mantenido en el tiempo puede producir obesidad. En efecto, se calcula que la ganancia de peso media en la obesidad epidémica en las últimas décadas podría estar causada por un exceso diario de solo 100 a 150 kcal.
La mera visión de la comida puede incitar a comer. Por ejemplo, Wansink y col. demostraron que los oficinistas comieron 3,1 más chocolates (total: 75 kcal) cuando los caramelos estaban guardados en envases transparentes. En otro experimento interesante de los mismos autores, los investigadores rellenaron los platos de sopa de los trabajadores mientras éstos comían, pero en forma inadvertida por ellos, y comprobaron que comieron 73% más sopa. El trabajo de Wansink demuestra repetidamente que las señales ambientales influyen sobre la frecuencia y la cantidad de comida y que las personas no suelen reconocer esas señales.
El contexto en el cual están ubicados los lugares de comida también influye mucho sobre los patrones de consumo. Cuanto más prolongada es la comida, más se come. La cantidad de comida que las personas comen está directa y fuertemente relacionada con el número de personas que comparten la comida; el consumo de alimentos aumenta un 28% cuando otra persona está presente y sigue aumentando progresivamente hasta el 71% cuando el número de compañeros de mesa son seis o más, como fue demostrado en otro estudio. Comer en compañía de otras personas también introduce otros efectos sociales poderosos.
Secuencia ambiente-percepción-conducta
En los últimos tiempos, los investigadores han hecho progresos no relacionados con el acto comer o la obesidad, comprendiendo cómo responden los seres humanos al estímulo ambiental. El ambiente es el contexto en el cual los seres humanos actúan y reaccionan. Cada momento, a través de lo que ven u oyen, los individuos perciben lo que sucede a su alrededor. Algunas de esas percepciones ocurren en forma inconciente, y muchas respuestas conductuales también ocurren sin advertencia o conciencia.
Los psicólogos han comprobado que si las conductas aparecen como instintivas o deliberadas, las respuestas conductuales a los estímulos ambientales pueden ser influenciadas por lo que se ha denominado “priming” (preparación), o la manipulación de las decisiones o juicios por la presentación previa de las palabras, conceptos o imágenes que no fueron percibidas como relacionadas con el accionar de las manos. Los efectos del priming pueden ser sorprendentes. Por ejemplo, Bargh y col. prepararon a individuos haciéndolos resolver un rompecabezas de palabras relacionadas con el enojo, como grosero, descortés o,desagradable; luego, esos sujetos mostraron más posibilidad de interrumpir una conversación que los sujetos preparados con palabras neutrales o relacionadas con la amabilidad. North y col. mostraron que cuando tocaban música francesa en un almacén de venta de vinos, las personas compraban más vinos franceses y que cuando se propalaba una música alemana, la venta de vinos alemanes aumentaba, con una conciencia escasa o nula del efecto de la música sobre sus compras. Un ejemplo de cómo el consumo de alimentos puede ser influenciado por el “priming” fue comprobado en un estudio en el cual individuos sedientos que tenían una “cara feliz”, consideraron que la bebida con sabor frutal que bebieron tenía buen gusto a diferencia de los sujetos que mostraban una “cara enojada”, quienes la catalogaron de mal.
Otro determinante importante de cómo los seres humanos responden a cualquier manifestación de su ambiente es simplemente su notabilidad, es decir, cuánto de lo que sucede en el entorno llama su atención. Por ejemplo, los investigadores de técnicas de mercado (marketing) han comprobado que cuando el espacio en la góndola del supermercado se llena con el doble de mercadería, las ventas aumentan un 40%. Este efecto se produce independientemente de si el producto es popular o impopular. Las ventas también aumentan cuando la mercadería se muestra en expositores especiales y cuando se ubican a nivel de los ojos del comprador. Las cadenas de supermercados, concientes de este principio, maximizan sus ventas exponiendo los artículos que dan mayor ganancia de manera muy visible, con grandes demostraciones.
Conductas automáticas
Los seres humanos tienen capacidades cognitivas limitadas; solo tienen capacidad para procesar, en forma conciente, 40 a 60 bits de información por segundo—equivalente a una frase corta. Sin embargo, su capacidad de procesamiento completa, la cual incluye el sistema visual y el inconciente, se calcula en 11 millones de bits por segundo. Por lo tanto, el cerebro necesita mecanismos que no requieren la conciencia cognitiva para percibir el ambiente y reaccionar ante él. En efecto, la capacidad de los seres humanos para ser efectivos y tener un alto rendimiento depende no solo de su capacidad para pensar en abstracto y creativamente sino también en su capacidad para dejar libres los pensamientos del nivel superior asignando las tareas rutinarias al nivel cerebral inferior. Por lo tanto, las conductas no cognitivas no son un signo de debilidad sino de adaptación que permiten a los seres humanos ser una especie particularmente productiva.
En la actualidad, los psicólogos han adquirido mayor conocimiento de las conductas automáticas, las cuales pueden ser definidas como aquellas que operan sin la dirección cognitiva. Para las decisiones concientes se requiere un gran esfuerzo mental y su implementación posterior constituye las conductas. La mayoría de las respuestas de los seres humanos al ambiente pueden ser consideradas conductas automáticas. Las personas sonríen o ríen cuando se divierten, fruncen el ceño cuando están enojados, se asustan cuando son sorprendidos por un ruido y tensan sus músculos cuando están asustados, todo esto sin una decisión conciente o un estado conciente de su comportamiento. Un ejemplo de una conducta automática más compleja es el mimetismo social. En una conversación, las personas imitan las maneras de los otros, como la sonrisa, la rubicundez de la cara y la agitación de los pies, independientemente de si son conocidos o no.
Bargh ha definido cuatro características de las conductas automáticas:
1) ocurren en forma inconciente
2) se inician sin intención
3) continúan sin control una vez iniciadas
4) operan eficientemente o con poco esfuerzo.
Sin embargo, no se requieren todos estos criterios para que una conducta sea considerada automática. Los estudios sobre el consumo de alimentos indican que comer debe ser considerado una conducta automática. Las personas no suelen ser concientes de cuánto comen. En los estudios que demuestran la influencia del tamaño de las porciones, las personas a las que se sirven porciones grandes usualmente no creen que han comido más que las personas a las que se sirvió una porción de tamaño normal, y cuando son encuestados no informan haber sentido más plenitud gástrica comparados con las personas que comieron porciones más pequeñas. La evidencia de que el acto de comer comienza sin un intento conciente puede provenir de la tendencia a comer cualquier alimento simplemente porque es la hora de comer y no por la sensación de hambre.
En general, una vez que la persona comienza a comer, continúa hasta que la comida se termina o hasta que algún hecho externo cambia la situación. En un estudio, las personas tendieron a no parar de comer porque estaban satisfechas sino porque no había más alimento o bebida, no tenían tiempo para seguir comiendo o habían terminado de mirar la televisión. Estos estudios también demuestran que el acto natural de comer, sin esfuerzo, tiende a ser continuo. No se requiere esfuerzo para continuar comiendo en presencia de la comida pero sí se requiere esfuerzo para dejar de comer, en presencia de comida. Es intuitivo considerar que las conductas centrales para la supervivencia de un ser humano o un animal son automáticas. Las evaluaciones de la seguridad de nuestro entorno y los juicios sobre el peligro potencial planteado por forasteros son a menudo automáticos y basados en estereotipos. La respuesta “pelee o vuele” sería demasiado lenta para poseer un carácter protector si es requerida para deliberar una toma de decisiones. Debido a que la tarea evolutiva central de los seres humanos ha sido consumir energía para vivir, no es de sorprender que estemos programados para comer, siempre que la comida esté a nuestro alcance.
El hecho de considerar el comer como una conducta automática no significa que los seres humanos no puedan comer bajo el control de su voluntad. Las personas pueden rehusar comer postres o resistir la tentación de comer chocolates guardados en el escritorio. Todas las conductas automáticas pueden ser controladas temporalmente. Los seres humanos pueden concientemente evitar sonreir cuando se divierten, fruncir el ceño cuando están enojados o tensar sus músculos cuanto están asustados. Pero esto significa un esfuerzo. La cantidad de esfuerzo requerida para rechazar la comida a la vista del alimento es importante, y es casi imposible sostenerlo mucho tiempo.
En general, el autocontrol de los seres humanos sobre sus conductas automáticas es limitado. El autocontrol se cansa como lo hace un músculo y disminuye nuestra capacidad para hacer otras tareas. Y así como el alimento rechazado disminuye las reservas mentales de la persona, las tareas requieren un esfuerzo mental que puede reducir la capacidad para resistir la tentación del alimento. En un estudio, las personas que trataron de mantener una dieta mientras deliberadamente se les propuso un problema insoluble aumentaron la ingesta de alimentos comparados con las personas que no trataban de controlar su comida. La demanda mental elevada que implica hacer dieta puede parcialmente explicar el patrón observado comúnmente de los que hacen dieta, quienes al inicio pierden peso para después ganarlo.
Las conductas automáticas tienen otra característica importante. Debido a que las personas no son concientes de las conductas, tampoco son concientes de las conductas que no están bajo su control. Nisbett y Wilson han comprobado que las personas suelen no ser concientes de un estímulo particular que desencadena una respuesta y aún si tuvieran conciencia del estímulo y la respuesta, pueden no estar advertidos de que realmente fue el estímulo el que causó la respuesta. En realidad, las personas tienden a elaborar razones para explicar sus conductas, eligiendo siempre las más plausibles y acordes con las teorías culturalmente aceptables. Bargh y Chartrand comprobaron que, aun después de haber conocido los resultados de los experimentos que demuestran la naturaleza automática de sus acciones, las personas que participaron continuaron rehusándose a creer que aquellas acciones no eran el resultado de una elección conciente. Nuestra dificultad para aceptar cuán fuerte es la influencia del ambiente en nuestra manera de comer puede provenir de nuestra incapacidad para reconocer y aceptar que nuestra manera de comer es una conducta automática. Sentimos culpa por nuestra debilidad para mantener una dieta, cuando es más posible que nuestras respuestas automáticas estén en relación con las señales para comer y la disponibilidad de alimentos baratos, convenientes y densos en calorías.
Si la conducta de comer es automática, se podría predecir que los alimentos más elegidos serían los que están más disponibles y más visibles y esto requiere el menor esfuerzo para comer, como lo son los alimentos precocidos y envasados y las bebidas que pueden ser ingeridos sin utensilios. De hecho, los alimentos que han mostrado mayor aumento en las ventas en el cuarto de siglo pasado son los siguientes: refrescos, bocados salados, papas fritas y pizza.
Comentarios
Es tentador creer que las personas con sobrepeso no son concientes de su peso. Pero la mayoría de los americanos se consideran obesos, y cerca de un tercio está tratando activamente de perder peso, incluyendo las mujeres con ÍMC de 18,5 a 25 kg/m2. La observación de que tantas personas continúan engordando a pesar de su deseo de ser delgados se explica más considerando al acto de comer como una conducta automática.
El concepto de que comer es una conducta automática, en oposición a una conducta que los seres humanos pueden regular, tiene consecuencias importantes sobre la obesidad epidémica. En efecto, los investigadores han descrito como un “ambiente tóxico” de donde nace la obesidad epidémica al nivel elevado de mercadeo, accesibilidad y cantidad de alimentos. “Este concepto indica que los abordajes educativos y motivadores para reducir el nivel de consumo de la población, como la guía que representa la pirámide nutricional, la información nutricional en las etiquetas y el consejo dietético, continuarán fracasando”. En lugar de estos enfoques para reducir el consumo, los autores enfatizan disminuir la accesibilidad, la visibilidad y las cantidades de alimentos a las cuales están expuestas las personas, y reducir las señales del ambiente que incitan a comer.
Los mejores abordajes incluyen la reducción del tamaño de las porciones, la limitación del acceso a las alimentos listos para comer, limitando la disponibilidad de comidas “al paso” en las escuelas y lugares de trabajo, y reduciendo la publicidad de alimentos. Debido a que los seres humanos parecen ser muy sensibles a pequeños cambios en el entorno del alimento, esas modificaciones pueden no necesitar ser prolongadas para ser efectivas. Por otra parte, debido a la naturaleza automática de comer y a que en la actualidad la gente está consumiendo más calorías que lo que necesita, esos cambios—una vez implementados—podrían ser muy bien notados. Esta perspectiva representa nuestra mayor esperanza para controlar la obesidad epidémica.
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domingo, 1 de diciembre de 2019
lunes, 7 de octubre de 2019
.Kéfir agua. Kéfir leche.
Recorriendo un poco la historia, encontramos que la palabra kéfir significa “bendición” en turco. También derivaría de la palabra “kefy” o “kef” que significa “sabor agradable”. Originalmente, esta bebida, propia de los pueblos del Cáucaso, se obtenía al fermentar leche vacuna con unos nódulos específicos.
Acá surge la primer cuestión a aclarar: los nódulos de kéfir de leche son diferentes a los del kéfir de agua, que en realidad, se denominan tibicos.
Luego volveremos sobre este tema.
En diferentes partes del mundo (no así en Argentina), cuando uno dice kéfir, se da por entendido que se está hablando del kéfir de leche.
En nuestro país, tuvo tanta expansión el kéfir de agua, que la situación es inversa.
Los nódulos del kéfir de leche, son una estructura polisacárida donde conviven en simbiosis diversos microorganismos, que adoptan la forma de una masa gelatinosa, irregular, color blanca o ligeramente amarillenta, de consistencia elástica y aspecto similar a las flores de coliflor. Su tamaño varía entre pocos milímetros y algunos centímetros de diámetro.
En los granos o nódulos de kéfir se encuentran en asociación simbiótica bacterias (Lactobacilus brevis, Lactobacilus desidiosus, Lactobacilus acidophilus y estreptococos lácticos) y levaduras (Candida kephir, Sacharomyces delbruckii) responsables de generar la doble fermentación, ácido-láctica y alcohólica.
Tradicionalmente los nódulos de kéfir se generaban como consecuencia de cuajar leche fresca en cántaros de madera. Sumergiéndolos en leche recién ordeñada, los habitantes del Cáucaso comenzaron a obtener la “leche kefirada”, una bebida de sabor agradable, mejor conservación que la leche fresca y con efectos positivos para la salud.
La leche kefirada se puede definir como una leche fermentada carbonatada ácida, cuyo sabor se debe a la presencia del ácido láctico.
A diferencia del yogur, donde solo se da la fermentación láctica, en el kéfir, los nódulos producen una doble fermentación, una realizada por las levaduras y la otra por las bacterias. Así no solo se transforma la lactosa, sino también las proteínas.
En aspecto, el kéfir de leche es como un yogur líquido.
Creo que el problema más grande al momento de hacer kéfir de leche (si se pretende lograr sus efectos terapéuticos), es la calidad del medio de cultivo. Es decir, los pueblos caucásicos no tenían inconvenientes, ya que partían de leches puras, recién ordeñadas, sin químicos, tóxicos, antibióticos, hormonas, ni procesos industriales (homogeneizado, pasteurizado, descremado, etc.).
Hoy en día es difícil lograr esa calidad de leche. En Estados Unidos se está impulsando una red de productores y consumidores (Real milk) que quieren tener acceso a leche cruda, orgánica y de caldiad. Esa red ha crecido en arios países del mundo. Acá más información.
Lamentablemente en Argentina todavía la situación está lejos de esto, ya que aún las leches orgánicas que se comercializan han sido pasteurizadas.
El aspecto que comparten las dos bebidas, es que ambas tienen la virtud de reestablecer la flora intestinal normal (microbiota), tan importante para una buena digestión y asimilación de los nutrientes ingeridos.
Al hablar de kéfir de agua, como mencionaba anteriormente, lo primero es aclarar que la bebida se fermenta con tibicos.
Si bien el origen de los “tibicos” no es del todo conocido, varios autores coinciden en que el punto de partida se encuentra en México. Bajo el nombre de Tibi, los gránulos originales viven en las nopaleras (Opuntia ssp) alimentándose de las excreciones azucaradas de estas cactáceas.
Nódulos de kéfir
La estructura y apariencia de los tibicos es diferente a la de los nódulos de kéfir de leche. En lugar de parecerse a flores de coliflor, no se agrupan, son transparentes o adoptan el color de la bebida en la que se los fermenta y tienen el tamaño de un grano de arroz o de un pequeño poroto.
Pueden cultivarse en distintos medios: leche de semillas, agua, infusiones de hierbas, jugo de uva u otras frutas con alto contenido de azúcar. Si se usa agua, se logra una bebida similar a una limonada gasificada. Al utilizar jugo de uva se obtiene una bebida muy similar al champagne.
En el consumo de una u otra bebida, hay una diferencia importante que es que el kéfir de leche aporta nutrientes propios de la leche (proteínas, grasas, minerales, vitaminas). Esto hace que en caso de lograr elaborar un kéfir de buena calidad (con leche cruda), normalemente no se ingiere mas de uno o dos vasos por día. En cambio, el kéfir de agua permite tomar dosis más altas (1 o 2 lts. diarios).
Hay muchas formas de hacer kéfir de agua. En este video muestro una que me resulta simple y de agadable sabor. Además de múltiples saborizaciones que enseño en mis clases, pueden probar este licuado hecho con kéfir y un espumante de kéfir y frutillas.
Dos temas que quisiera aclarar en relación al proceso de elaboración y la gasificación de la bebida.
Por un lado, la interferencia de elementos metálicos. En muchos textos van a encontrarse la recomendación de no usarlos para revolver o colar el kéfir, porque supuestamente pueden estropear la bebida o destruir los nódulos. Luego de más de 12 años de hacer kéfir de agua, mi experiencia muestra que esto no se aplica. Es decir, el kéfir siempre lo preparo en frasco de vidrio (no dejo la bebida 2 días en contacto con recipientes metálicos), pero revolver con cucharas de acero o colar los nódulos en coladores de acero inoxidable no ha alterado en lo más mínimo ni la bebida, ni los nódulos. He compartido y leido esta información con “fermentadores” de otros países, que reportan exactamente lo mismo.
Y lo otro es la gasificación de la bebida. El kéfir de agua, tal como lo muestro en el video, tiene muy baja gasificación. Si se quiere aumentar esto, o bien se puede dejar el kéfir envasado con tapa hermética en heladera y utilizarlo recién a los 15 o 20 días, o sino, una vez que se cuela y se envasa la bebida, sugiero dejarla uno o dos días fuera de la heladera, con su tapa hermética, de forma que vaya gasificándose. Bajo estas condiciones, se aumenta un poco la gasificación del producto sin riesgos a producir explosiones .
Si suelen hacer kéfir de agua, ¡ compartan sus experiencias, que en el arte de fermentar alimentos, intercambiar las experiencias individuales nos enriquece a todos ! Cuéntennos si lo saborizan, si lo toman con o sin gas, si fermentaron con alguna fruta específica, etc.
Alex von Foerster
www.alimentoyconciencia.com
Te invitamos a tomar conciencia de que somos un ingrediente emocional de nuestras comidas






















